JAÉN, IDILIO INHERENTE CON LA TRASHUMANCIA

La provincia se mantiene como valedora de este patrimonio histórico que pierde relevancia en el resto del país.

Si de algo sabe nuestra tierra es de supervivencia. Acostumbrados a luchar cada miaja de pan que alimenta nuestro territorio, nos hemos especializado en insistir y perseverar en las causas que otros cejan.

En tiempos en los que la despoblación rural es una más que dura evidencia, la trashumancia se resiste en nuestra provincia, proclamándose una opción de subsistencia, capaz de mantener bastiones rurales.

Nadie dice que sea fácil, de hecho, la falta de inversión en esta actividad esencial, no solo a nivel económico sino también medioambiental, provoca que aquellos valientes que mantienen este tipo de pastoreo, tengan que enfrentarse a un esfuerzo duplicado por las zancadillas del inminente progreso, la universal industrialización como única fuente de riqueza, y la vida cómoda que se aleja del medio rural.

No parecen ser suficientes los más de 125.000 kilómetros de longitud de la red de vías pecuarias, conformadas por cañadas reales, veredas y cordeles. Ni sus 420.000 hectáreas de superficie, protegida desde el siglo XIII, y que recorren, a través de 27 provincias y de norte a sur, esta querida España nuestra.

Nada de lo que se nos ofrece de forma natural, parece hacer efecto para conseguir la necesaria inversión que potencie uno de nuestros mayores patrimonios, nuestra ganadería, amén de precisamente esos espacios naturales que, de no ser por la actividad trashumante, desaparecerían.

Lo cierto es que la alarma ante los incendios estivales se dispara, de forma sumaria, a través de los informativos. Pero igual de cierto es que pocos son los ciudadanos que entienden la importancia de la trashumancia, también en este ámbito.

Esta actividad fomenta la ganadería extensiva, regenerativa y sostenible para el medio ambiente. Contribuye al mantenimiento de esas vías pecuarias, disminuyendo de forma considerable, el riesgo de los tan temidos incendios forestales. Es responsable de la siembra de biodiversidad, mediante el movimiento de semillas a través del ganado. Estas son solo algunas de sus bondades, sin dejar atrás el concepto de que convierte a nuestro país en algo único, creando un mapa de vías pecuarias inigualable en toda Europa.

Bajo este guion, y con el objetivo de completar la formación y seguir dando a conocer el desarrollo de la trashumancia en la actualidad, se ha llevado a cabo este verano en la sede baezana de la Universidad Internacional de Andalucía, el curso “Trashumancia en el siglo XXI: caminos de cultura y biodiversidad, economía rural y ganadería sostenible”.

Bajo la dirección de la Doctora Dª Catalina Gómez López, y el Doctor D. Antonio Contreras de Vera, quienes han contado con un profesorado altamente especializado, han desgranado durante la realización del curso, un temario enfocado en potenciar la trashumancia, y ante todo, ponerla en el lugar que merece, como patrimonio cultural y natural, como profesión especializada, y como garante de actividad procuradora del bienestar animal y del medio natural que nos rodea.

Este curso, que ha contado también con la beca y el patrocinio del Colegio Oficial de Veterinarios de Jaén, ha contado con un total de treinta alumnos, que han asistido desde muchos puntos de España.

Su temática, y la implicación de Catalina Gómez, quien además ha completado el curso con su exposición fotográfica versada en la temática trashumante, consolidan la figura de Gómez como perfecta embajadora de la actividad de pastoreo con mayor patrimonio cultural por salvaguardar. Poniendo además en valor, la figura del veterinario en el ámbito ganadero, como salvaguarda del bienestar animal y del medio ambiente, en un circulo perfecto que conforma el concepto de salud única.

 

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