El pasado 29 de enero nos dejó nuestro querido compañero y amigo Manuel Díaz-Meco Álvarez. Acababa de cumplir 90 años el día 8. Murió en su casa en compañía de su esposa y querida compañera de vida María Jesús, rodeado de sus cuatro hijos: Ana Mari, Natalia, María Jesús y Manolo. Su mayor orgullo, siempre los tenía en la boca.
D. Manuel, porque a todos los que lo conocimos y hemos tenido la suerte y el honor de trabajar con él, sobre todo a los veterinarios de las generaciones posteriores a la suya, nos costaba mucho trabajo referirnos a él sin el “Don”; nació en Valdenebro de los Valles, en la provincia de Valladolid. Castellano de nacimiento y de ejercicio hasta el final de sus días. Serio, constante, íntegro, honrado y leal en todos los ámbitos de su vida, pero con un fino sentido del humor que no todos conocían.
Es habitual preguntarse retóricamente si un artista, o un gran profesional, nace o se hace para exaltar sus excepcionales virtudes. En el caso de Manuel Díaz-Meco este recurso es totalmente superfluo. Nació veterinario, en casa de veterinario en 1936. Su amor por la profesión de su padre, que fue su mejor ejemplo, y la inmensa vocación de servicio público que tenía, lo llevó a estudiar a Madrid, primero el Bachillerato y después a su Facultad de Veterinaria. Vivió en la casa de un tío que era policía y que lo llevaba a la Plaza de las Ventas desde muy joven. Ahí empezó su inmensa afición por el toro bravo y la tauromaquia, la que mantuvo hasta sus últimos días, aunque ya solo podía ver las corridas por televisión en su casa, donde alguna compartimos, siempre aprendiendo de su maestría.
Terminó la Licenciatura en Veterinaria en 1959 y, seguidamente, su inquietud profesional le lleva a incorporarse en el área de conocimiento de la reproducción animal, con tal avidez que en menos de dos años se especializa y obtiene el Diploma en Inseminación Artificial con el número uno; así como el de Especialista en Nutrición Animal, para finalmente ser nombrado, por concurso de méritos, técnico volante de inseminación artificial ganadera, participando de las enseñanzas de D. Tomás Pérez en fisiología de la reproducción animal en el Patronato de Biología Animal, que posteriormente se integraría en el INIA.
Tras conseguir la Diplomatura en Sanidad, deja la capital de España y se traslada al mundo rural, llevando a cabo campañas de inseminación en ovino en las provincias de Madrid, Cáceres, y Jaén. En esta última se establece con su mujer en enero de 1963 al ocupar la plaza de profesor de ganadería y jefe del centro de inseminación de la Escuela de Capacitación Agraria de Marmolejo. Desarrollando este trabajo preparó y ganó la oposición a Veterinarios Titulares ese mismo año, ocupando la plaza de Montejícar (Granada), por breve tiempo.
En 1968 entra por oposición en el Cuerpo Nacional Veterinario. Por Orden de 7 de diciembre de ese año es nombrado Jefe del Servicio Provincial de Ganadería en Jaén. Desde ese momento y hasta el día de su jubilación forzosa, con 70 años, ha prestado sus servicios en la Delegación de Agricultura, velando por la ganadería provincial y la sanidad animal, por su mejora genética y por la renta de los ganaderos.
Ejerciendo este puesto, durante los años setenta, también fue diputado provincial y vicepresidente de la Diputación Provincial de Jaén, lo que aprovechó para poner en marcha el Laboratorio Provincial de Sanidad Animal y, los circuitos de inseminación artificial que dieron cobertura a toda la provincia, mejorando ostensiblemente las razas bovinas lecheras y de carne y, con ello, la renta de los ganaderos jiennenses. Asimismo, consiguió crear una línea de ayudas a la reposición de corderas de raza segureña que cumplieran el patrón racial, medida que fructificó en la significativa mejora y consolidación de la raza en toda la provincia, especialmente en la Sierra de Segura y en la de Huéscar en Granada. Ello sirvió de base, con el tiempo, junto con el Concurso Morfológico de La Carolina, del que fue su ideólogo y mayor impulsor, a la constitución de la IGP Cordero Segureño. Asimismo, este concurso fue decisivo para la elevación del nivel genético de las razas berrendas. También contribuyó significativamente en la elaboración del Plan Ganadero de Andalucía en 1982.
Además de los logros citados, entre otros muchos, fundados en su inmensa vocación zootécnica, en materia de sanidad animal, su trabajo fue esencial en la lucha contra las diferentes epizootias con las que tuvo que lidiar durante su dilatada carrera: peste porcina africana, fiebre aftosa, peste equina, y peste porcina clásica. Puso en marcha las primeras campañas de vacunación contra la brucelosis ovina, caprina, y bovina, así como, posteriormente, las de erradicación de éstas y de la tuberculosis, leucosis, y perineumonía bovina. Su buen hacer en la erradicación de la PPA en la provincia le fue reconocido con la distinción de Comendador de la Orden Civil del Mérito Agrícola en 1975. Hito a destacar, es su participación directa en la constitución de la primera agrupación de defensa sanitaria de España a principios de los años 80, la ADS Porcino de Vilches.
Su afán de ayudar a los demás lo llevó a colaborar activamente en un proyecto de cooperación para la mejora agropecuaria de Ecuador en 1973, viajando durante dos veranos para supervisar proyectos ganaderos.
Bajo la Administración de la Junta de Andalucía fue alternando las jefaturas de Sección de Sanidad Animal y la de Desarrollo Ganadero, llevando de facto, las dos en más de una ocasión. Dado su enorme prestigio, su enorme capacidad de trabajo, su carisma y el enorme respeto que se había ganado entre la profesión en Andalucía y en el Ministerio de Agricultura, sus informes y opiniones fueron muy tenidos en cuenta a la hora de la entrada de España en la Comunidad Económica Europea y, sobre todo, en la reestructuración de los Servicios Veterinarios de Andalucía que se produjo entre 1988 y 1990. Los que optamos por las entonces Inspecciones Veterinarias Comarcales de la provincia de Jaén sabemos que su actuación al inicio de las mismas fue decisiva y fundamental para su desarrollo y funcionamiento coordinado hasta nuestros días. En ese momento, cuando las instrucciones de la Consejería eran escasas, siendo condescendientes, supo coger el timón y liderar a un grupo de jóvenes veterinarios, la mayoría, y transmitirnos su inconmensurable vocación de servicio público y amor por la ganadería con la única idea de ayudar a nuestros ganaderos y fomentar la producción y sanidad animal de Jaén, en definitiva, sacar adelante las nuevas Inspecciones Veterinarias Comarcales entre todos de la forma más ordenada posible y aplicando el sentido común, su principal virtud.
Su otra gran pasión, el toro bravo, le llevó a ser un gran conocedor y experto de la ganadería de lidia española, fundamentalmente de los encastes de los hierros que pastaban en las dehesas de Jaén. Era querido y respetado por todos los ganaderos. Fue muchos años veterinario de la plaza de toros de Jaén y fundador de la Escuela Taurina de Jaén, ostentando su secretaría durante muchos años. En reconocimiento a su labor, ésta viene organizando anualmente una novillada sin picadores en clase práctica que lleva su nombre: Certamen Manuel Díaz-Meco. El año pasado se celebró su séptima edición. Los que tuvimos la suerte de actuar con él en los reconocimientos de las corridas de toros nos empapamos no solo de su profundo conocimiento del toro sino de su saber estar en los corrales y en el palco. Todos los profesionales del toro lo respetaban y apreciaban.
Como no podía resistir su amor por la ganadería y la dehesa, también fue ganadero de bovino extensivo. Tuvo una pequeña explotación de morucha en su preciosa finca de La Fernandina.
En el ámbito colegial desarrolló una destacable labor. Fue presidente del Ilustre Colegio de Veterinarios de Jaén desde 1971 a 1977, siendo el más joven de los presidentes de España. En 1975 fue designado Académico Numerario Fundador de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de Andalucía Oriental, presidiéndola entre 1978 y 1982. La Corporación colegial provincial lo distinguió con sus más altas condecoraciones: la Presidencia de Honor en 1996 y la Medalla de Oro en 2022. La RACVAO lo reconoció ese mismo año Académico de Honor, junto al también querido compañero, ya fallecido, D. Antonio Marín Garrido, y de la que también fue presidente entre 2005 y 2021.
Se nos ha ido un buen hombre, un veterinario integral, un magnífico compañero y un jefe exigente y riguroso pero comprensivo y acogedor. Muchos veterinarios de Jaén hemos perdido a un referente, un faro y un buen maestro. Querido D. Manuel, descansa en paz, que la tierra te sea leve.
Tomás Cano Expósito. Celedonio Fornell Martínez.



